Transversalidades: Servicios públicos-RBI-empleo

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Las personas tenemos algunas necesidades que, en la sociedad actual, pueden y deben ser satisfechas para la mayoría de las personas por medio de tres recursos complementarios: servicios públicos, renta básica y salarios/pensiones dignas.

Todas las personas tenemos ciertas necesidades básicas. Dentro de estas, algunas como las de subsistencia, protección, ocio y entendimiento pueden satisfacerse en gran medida por medio de servicios públicos y rentas para acceso a servicios privados. El resto son necesidades político-sociales que están en gran medida condicionadas por las anteriores. Estas necesidades son simultáneas (todas se necesitan a la vez), complementarias (si fallan una fallan la otras) y no comercializables (no deben ser un negocio).

Los servicios públicos gratuitos son necesarios para crear una infraestructura suficiente considerando que su utilización es en buena medida no discrecional por la persona (alimentación, sanidad, educación, vivienda, transporte, energía, etc.) para cubrir  estas necesidades. 

Por otra parte, las rentas (independientemente de su origen) sirven para atender a esa parte de las necesidades que son discrecionales. Es decir, la persona puede elegir entre su utilización para atender un tipo u otro de necesidad. Por ejemplo puede ser utilizado para  una utilización “voluntaria” de servicios públicos o privados.

Parte de estos servicios discrecionales son también necesidades básicas y el disponer de medios para cubrirlos es imprescindible para decidir en cierta medida la vida que deseamos vivir. Para dar esta posibilidad de elección surge la Renta Básica Incondicional (RBI) que permite su utilización a elección de la persona para cubrir sus necesidades a partir tanto de servicios públicos como privados permitiendo alcanzar un nivel de vida digno.

Los otros tipos de renta vienen del trabajo, el capital (mobiliario o inmobiliario), del ejercicio de actividades económicas, transmisiones patrimoniales y ahorro. Nos centraremos aquí en el trabajo (asalariado o autónomo) como única renta no procedente de la explotación de otras personas o de la acumulación de capital. Las rentas del trabajo pueden servir para ampliar los recursos a utilizar para alcanzar un mayor nivel de vida (o para el ahorro) como contraprestación a la contribución de la persona a la sociedad.  La existencia de los servicios públicos y la RBI permite que sea una contribución voluntaria y con un salario justo. Estas rentas se complementan con las rentas fruto del ahorro personal o colectivo (como las pensiones de jubilación).

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