¿Somos víctimas de las fakes?

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«Los bulos, la invención de noticias para confundir o dañar a alguien, han existido siempre, incluso cuando no existían medios de comunicación de masas y se difunden boca a boca. Pero ha sido en las redes sociales, y rebautizados como fake news, donde han encontrado el ambiente más propicio para nacer, creer y multiplicarse«

Pero, ¿somos víctimas de las fakes? O, por el contrario, ¿somos nosotros quienes las buscamos porque nos gusta consumirlas?

Por un lado tenemos un derecho constitucional: el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión; por otro la realidad: las fakes, bulos, medias verdades y posverdades circulan sin ningún control (Facebook y las noticias falsas

Parece que el desarrollo de la ingeniería de las fakes va a la par que el aumento de la inocencia con que nos las tragamos y de la velocidad a que las consumimos. Pero, si nos observamos bien, podemos descubrir que no nos tragamos todas por igual. Siempre nos gustará más un menú de fakes que vayan en consonancia con nuestras creencias ya establecidas que otro que pueda desmentir o contradecir estás creencias.

Una de las explicaciones a tal fenómeno la podemos encontrar en la vieja teoría de la disonancia cognitiva. Según esta teoría, cuando recibimos una información nueva, esta establece una relación con nuestras opiniones ya establecidas. Si concuerda con ella le damos credibilidad fácilmente, pero si no concuerda o es contraria, se produce disonancia cognitiva, es decir un malestar que tratamos de evitar, por ello es más fácil que para evitar esta disonancia investiguemos, nos cuestionemos y seamos críticos con esa información o simplemente la rechacemos; mientras que en el caso de que tenga una mayor concordancia (una menor disonancia) con nuestras ideas nos tragaremos sin dificultad la información sin cuestionarla.

Por otro lado, la explicación que da la neurociencia a esto es que nuestro  cerebro sigue una especie de principio de economía en cuanto al consumo de su energía y solo va a gastarla en reflexionar y pensar racionalmente si es algo que le interese mucho.

Estas dos teorías complementarias las tienen bien aprendidas los distintos poderes para consolidar y aumentar su dominio. Estos poderes se proponen colonizar nuestras conciencias para que les votemos, para que les compremos sus productos, para que consumamos sus programas o series o videojuegos. La combinación entre el desbordamiento de las ofertas de ocio virtual y canales de información junto con las largas jornadas de trabajo con sus largos tiempos de desplazamiento, nos dejan con una escasez de tiempo que hace difícil que lo gastemos en comprobar la veracidad de la información.

El mercado de las fakes va creciendo a medida que los navegadores nos seleccionan en nuestros móviles la información que tiene más coherencia con nuestras convicciones, a medida que tenemos menos tiempo para pensarlas de una forma crítica, y además, si recibimos una fake que afiance nuestras convicciones nos resultará una información placentera.

Todo esto reduce las oportunidades de reflexión, cada vez tenemos más ocupada nuestra conciencia con contenidos que nos han preparado otros, cada vez dependemos más de ellos, y en este rápido caudal de informaciones y contenidos digitales circulan cada vez más contenidos fakes.

Una consecuencia de estos bulos es que aumentan la polarización de las posiciones sobre cualquier asunto. Estas se hacen más viscerales y menos racionales. Destruyen en la sociedad la dialéctica de las opiniones. Se evaden los argumentos racionales a la par que se endurece el dogmatismo y la agresividad contra el que no opina lo mismo que nosotros.

Es cada vez más frecuente ver en los comedores de las empresas a cada persona ensimismada con su móvil, evitando conversar con los compañeros y compañeras, o bien, evitando dialogar sobre temas conflictivos, o bien, si se llega a debatir alguno de estos temas, se producen enfrentamientos verbales agresivos e irracionales que condicionan todavía más para que se vuelva al aislamiento con el móvil.

Todo este empeño económico-político tiene una finalidad: a medida que estamos más aislados de nuestro entorno real somos más débiles y dependemos más de productos, ideas, posiciones y decisiones de otros. En definitiva, estamos más dominados.  (El siguiente paso –de gigante- en cuanto dominación se llama METAVERSO)

Por ello se hace cada vez más necesario que los trabajadores y trabajadores conquisten más tiempo libre para que se haga más real y efectiva su libertad, saliendo de la vorágine a la que nos obligan y así dejen de avanzar las sociedades que se superponen, que nos alienan y que son calificadas por el sociólogo Bauman como la sociedad líquida o por el filósofo Byung-Chul Han como la sociedad del rendimiento, la sociedad del cansancio o la sociedad paliativa.

Un gran paso hacia esa liberación de tiempo de trabajo y conquista de tiempo para la reflexión es la consecución de la jornada de 32 horas semanales. Esta jornada (sin reducción de salario) se tiene que convertir en una reivindicación prioritaria en la negociación de los convenios. Con el apoyo de toda la fuerza que supone la unión de los trabajadores y las trabajadoras está al alcance de nuestras manos.

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