Transversalidades: Guerra-consumo-tecnología

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Las guerras tienen efectos importantes tanto en el consumo (reducen el consumo privado y aumentan el público, que pagaremos entre todos.

La guerra también fomenta la inversión tecnológica en ciertas áreas (armamento, comunicaciones, seguridad) detrayendo recursos de áreas orientadas a necesidades sociales como la lucha contra el cambio climático, la transición energética,  salud, educación, alimentación, etc.

Cualquier guerra es un fracaso de la civilización, de la humanidad como un todo pues, además de las muertes y la destrucción que directamente causan, tienen consecuencias sociales en su mayoría negativas. 

Pero además tiene efectos sobre la economía

  • Aumento del gasto agregado de los estados en armamento, infraestructuras, transportes, etc. y de las empresas en inversión para suministrar a los ejércitos los bienes y servicios que necesitan.
  • Intensifican la innovación y el progreso tecnológico, pues obligan a disponer de nuevos procedimientos y técnicas militares que luego pueden tener usos civiles. 
  • Suponen un coste que hay que financiar, bien mediante impuestos o generando una deuda que al final hay que pagar.  
  • Suelen llevar consigo inflación porque destruyen o bloquean las fuentes de suministro y dan un gran protagonismo a las industrias o empresas con mayor poder.
  • Disminuyen el consumo familiar y producen empobrecimiento por pérdida de ingresos reales y patrimonios. 
  • Suele incrementarse el empleo y todo eso hace que las economías tengan un motor adicional que pueda contribuir a sacarlas de crisis profundas y a iniciar periodos de posterior expansión, pero parte del empleo generado se pierde cuando este acaba y disminuye el gasto.

Las guerras producen esos efectos principalmente sobre los países en conflicto pero también afectan a otras naciones e incluso sobre todo el planeta, dado el alto grado de interconexión que suele darse en las relaciones económicas contemporáneas o porque producen graves daños ambientales. Además  tienen un efecto depresivo sobre la actividad económica debido al miedo, la incertidumbre, la inseguridad, la escasez de recursos, el odio y el afán de venganza y la violencia que a menudo perduran una vez concluidos los conflictos. 

Pero las guerras no solo tienen costes directos o explícitos (monetarios, materiales, humanos…) sino también costes de oportunidad que reflejan lo que se podría haber hecho si los recursos se hubieran dedicado a otras actividades. El enfoque en el gasto militar detrae la inversión social y debilita las estrategias de transición hacia economías verdes y digitalizadas. Los más pobres pagan siempre todas su peores consecuencias; mientras los países y las empresas mejor posicionadas y la industria armamentística resultan reforzadas aumentando la concentración de poder que viene siempre acompañado de una consolidación de la élitesrecortes de libertades y una represión de la disidencia más sofisticada y contundente.

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