Activismos

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El activismo es la dinámica que hace evolucionar el mundo. La persona activista es la que se preocupa por su comunidad y actúa para mejorarla. 

El activismo como élite crea separación de la población general y es dañino tanto para el activismo como para el activista.

Activismo (RAE): “1. m. Tendencia a comportarse de un modo extremadamente dinámico.”  Nos podemos quedar directamente con esta definición: ser activos y comportarnos de una forma dinámica. Porque ser activistas es lo que nos lleva a avanzar, a conseguir que lo que tenemos a nuestro alrededor evolucione y cambie a mejor. 

Activismo (RAE): “2. m. Ejercicio de proselitismo y acción social de carácter público, frecuentemente contra una autoridad legítimamente constituida.” Este segundo significado encuadra el activismo dentro de la acción social como una acción colectiva con un repertorio de acciones y organización contra un orden establecido.  

La persona activista se caracteriza por preocuparse por su comunidad y por eso se involucra en estos movimientos para lograr alcanzar los objetivos que se proponen en favor de generar beneficios sociales. 

De la conceptualización como acción colectiva y organizada surge un elemento que diferencia entre aquellas personas que se definen como activistas y aquellas que llevan a cabo las acciones (Saul Alinsky).  Esta diferenciación lleva a definir a la persona  activista como experta en el cambio social y de alguna manera  privilegiada o más avanzada que otros que solo siguen sus iniciativas (Give up activism). 

Así una persona que se define como activista se considera que debe tener un carácter que le permita desarrollar una vida coherente y disponer de ciertas cualidades personales (creencia, disciplina,  disposición a las dificultades, lealtad, etc.). Estas características se le asumen desde el exterior (incluso desde los contrincantes) lo que ocasiona una presión añadida; no solo hay que hacer activismo sino que hay que demostrar el adaptarse a el imaginario social de los activistas. 

Pero esta división es dañina para el propio activismo ya que separa a la persona autodefinida como activista de la población general. Esto también sucede cuando se asume que un colectivo ideológico (socialista, comunista, anarquista, ecologista, …)  debe asumir esta función de liderazgo. 

Se definen tres tipos de activismo: 1. El que demanda soluciones a problemas oponiéndose a acciones a políticas específicas, 2. Los que crean alternativas al sistema dominante y 3. El activismo revolucionario que busca cambios fundamentales en la sociedad. 

El repertorio de acciones no-violentas incluye tres grupos: protesta/persuasión/denuncia, no cooperación e  intervención/acción directa. En relación a las técnicas y tácticas el libro Rules for Radicals (Saul Alinsky) detalla algunas para organizar la acción de forma pragmática.

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