El consumo como acto político

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La primera regla consiste en comprar sólo lo necesario, huyendo de la presión publicitaria por adquirir lo último. Si mi teléfono móvil aún funciona, ¿de verdad necesito otro? y si ya tengo un smartphone y un portátil ¿necesito también una tablet? El impacto social y ecológico de nuestro consumo se traduce en la explotación de minerales y personas en distintos países del mundo y en el agotamiento sin freno de recursos naturales de nuestro planeta, entre otras muchas cosas.

Somos conscientes del poder que pueden tener nuestras decisiones como consumidorxs, también sabemos que los cambios individuales    necesitan ser acompañados de modificaciones en esas reglas del juego que benefician sistemáticamente a las grandes empresas, en detrimento de los pequeños y medianos productores y distribuidores. 

¿Pueden ser parte de la solución las mismas empresas que llevan décadas siendo el principal problema? Es aquí donde la palabra ‘sostenibilidad’ se ha convertido en un significante tan trillado y vaciado de sentido, que ha pasado a ser un reclamo publicitario más. Estas estrategias no son solo un tipo de marketing verde destinado a convencer a un público poco crítico. Lo que está en juego es convertir la crisis ecológica y civilizatoria en una oportunidad de negocio 

Como consumidorxs críticos debemos intentar no caer en la trampa del lavado verde. No adelantamos nada si cambiamos el monocultivo de palma por cualquier otro, ni resolvemos la crisis energética cambiando nuestro vehículos de combustión por vehículos con baterías de litio.

Desde nuestra posición libertaria y anticapitalista vemos que la única solución es el decrecimiento y la austeridad voluntaria

Serán necesarios cambios muy profundos en nuestros estilos de vida; no pocos expertos creen que la sostenibilidad socioambiental es incompatible con la permanencia del orden capitalista. Porque la lógica de la vida es contraria a la lógica del capital, que para acumular requiere de una constante apropiación de los recursos de todo tipo: flujos de energía, materiales, vida humana en forma de trabajo, etc.

Mientras nos armamos como consumidorxs para no dejarnos engañar por la permanente manipulación publicitaria, debemos trabajar en un profundo cambio en los imaginarios colectivos. Tal vez no sería descabellado comenzar por deconstruir esa normalización del discurso publicitario, que no es sino la aceptación de que es legítima la manipulación cuando de lo que se trata es de vender más.

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One thought on “El consumo como acto político

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